agosto 29, 2011

¿De la Reforma Política Deseada a la Reforma Posible?

En el Teatro de Iturbide, Luis Manuel Rojas Arreola, en su calidad de Diputado Presidente declaró “El Congreso Constituyente de los Estados Unidos Mexicanos abre hoy, 1º de diciembre de 1916, el período único de sesiones.” y posteriormente José Venustiano Carranza Garza, Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Encargado del Poder Ejecutivo de la Unión hizo uso de la palabra para expresar los motivos que justificarían el “Proyecto de Reformas a la Constitución del 5 de febrero de 1857” que sometió a la consideración de este Congreso Constituyente.

Así, los diputados constituyentes de 1916-1917 formalmente conocieron el proyecto que durante dos meses discutieron, modificaron, adicionaron y aprobaron para quedar como la “Constitucion Politica de los Estados Unidos Mexicanos que Reforma la de 5 de Febrero de 1857” que Venustiano Carranza promulgó el 5 de febrero de 1917 y que entró en vigor el 1º de mayo siguiente, en donde quedaron incorporadas muchas de las demandas provenientes de la Revolución y se establecieron los principios básicos sobre los que se empezaría a construir el sistema político mexicano del siglo XX que se encargaría de darle la tan anhelada estabilidad al país que necesitaba en la era posrevolucionaria.

Al paso del tiempo fue moldeándose el entonces ‘nuevo’ régimen presidencial en México con sus características propias, mismo que funcionó durante la hegemonía de un partido político único en el poder pero se carecía de algo que resultaba ajeno en nuestro sistema político: la democracia. De lo contrario, ¿cómo podemos entender que en 1976, los ciudadanos de aquel tiempo, sólo tuvieron la opción para elegir a José López Portillo como Presidente de la República? Derivado de varios sucesos de la época, entre esos, el movimiento estudiantil de 1968 y la referida elección presidencial, tuvo origen la Reforma Política de 1977 que impulsó Jesús Reyes Heroles y que marca un punto de inflexión en lo que podemos llamar el inicio de la transición política: de un sistema del partido hegemónico a uno pluripartidista.

En este contexto, la LVII Legislatura de la H. Cámara de Diputados (1997-2000) tuvo gran relevancia al confirmar en su integración, el pluripartidismo que llegó para quedarse en nuestra muy joven democracia, toda vez que por primera vez el Partido Revolucionario Institucional ya no contaba con la mayoría absoluta y Porfirio Muñoz Ledo pasó a la historia al ser el primer diputado de oposición (PRD) en presidir esta Cámara el 1º de septiembre de 1997 y en contestar el tercer informe del Presidente Ernesto Zedillo Ponce de León. Posteriormente, vino la alternancia en el ejercicio del Poder Ejecutivo Federal al llegar Vicente Fox Quezada quien fue postulado por el Partido Acción Nacional y le toca ser también el primer Presidente en no contar con la mayoría absoluta en ambas cámaras del Congreso.

Actualmente sería impensable tener un escenario similar al de hace 35 años, sin embargo, a partir de que nuestra realidad política permitió la creación de nuevas opciones para los ciudadanos mediante distintos partidos políticos, se fue cristalizando el mosaico pluripartidista pero bajo el andamiaje constitucional del antiguo regimen. Es evidente que las últimas reformas constitucionales de fondo que han sido impulsadas por distintos actores políticos, sólo muestran un interés en la forma en como deben organizarse las elecciones y garantizar su confiabilidad, empero, existe un desinterés o “falta de acuerdos” para realizar la Reforma del Estado o la Reforma Política más importante: la forma en como debe ejercerse el Poder Público.

Esta reforma debe de centrarse en los mecanismos de colaboración y de pesos y contrapesos entre los poderes federales Ejecutivo y Legislativo sobre el principio de que el Presidente de la República no cuenta con la mayoría absoluta en el Congreso y en la tendencia actual, parece que el Poder Legislativo Federal seguirá integrado por minorías, a menos que se quiera incorporar la llamada “cláusula de gobernabilidad” que garantiza al partido político que obtenga el mayor número de los votos, léase, la primer minoría, se le otorguen en forma automática un número de curules o escaños para que alcance la mayoría absoluta, es decir, con ésta cláusula se busca construir mayorías artificiales que permitan “gobernar” o mantener el “establishment”.

De ahí que nos vemos en la necesidad de construir un régimen presidencial funcional a los requerimientos de la joven democracia mexicana. Un sistema presidencial dotado de nuevas formas políticas, culturales y jurídicas para estimular la formación de esas mayorías que se requieren urgentemente y que sólo podrán alcanzarse mediante la conformación de pactos mayoritarios entre las minorías representadas en el Congreso, porque es notorio que uno de los grandes problemas de nuestro sistema político es la falta de construcción de acuerdos que se traduzcan en una gobernabilidad democrática y que se vea reflejado en un proyecto de nación incluyente.

Sobre este punto, recuerdo que a fines del año 2004, Manuel Camacho Solís, en su calidad de Diputado Federal Presidente de la Comisión Especial para la Reforma del Estado de la LIX Legislatura de la Cámara de Diputados y Diego Valadés, Director de Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, llevaron a cabo el foro Gobernabilidad democrática: ¿qué reforma?, y ahí se pudo apreciar la gran pluralidad de ideas en donde cada uno de los 118 participantes dejó testimonio de la reforma que proponía, cabe mencionar que entre ellos se encontraban todos los aspirantes a la candidatura presidencial del año 2006. Si revisamos las propuestas podemos percibir la forma en que los principales actores políticos de nuestro país, concibieron las soluciones para actualizar el sistema político mexicano a las necesidades propias de la diversidad política.

Cinco años después, México se encuentra ante la impostergable necesidad de concluir su transición política y democrática creando un nuevo conjunto de reglas institucionales que ponga al día al Estado con la sociedad y facilite la maduración democrática de su relación.

Es necesario que nuestro régimen presidencial pueda afrontar los retos del siglo XXI y la Reforma Política que se encuentra en discusión en la Cámara de Diputados es un punto de partida para una gran reforma de fondo.

No debe perderse la oportunidad de ampliar, mejorar y fortalecer la minuta de Reforma Política que el Senado de la República aprobó el pasado 27 de abril.

Es un imperativo luchar por la reforma deseada y no tener que conformarnos –una vez más- con la reforma posible.

De no hacerse hoy, pasarán otros muchos años más sin que se toque el arcaico diseño constitucional que fue funcional durante el antiguo régimen.

Estoy cierto que no debemos centrar sólo la atención en los cuatro puntos de esta reforma relativos a la “ciudadanización” de la política a saber:

1. Candidaturas Independientes;

2. Consulta Popular;

3. Iniciativas de Ley Ciudadanas, y

4. Reelección de Legisladores y de Presidentes Municipales.

Aprobarlos sin discusión y sin tener la idea de cómo sería su regulación específica, sería un error que con el tiempo puede ser muy lamentable, por ejemplo, para el caso de las candidaturas independientes, lejos de aportar para el crecimiento de nuestra democracia, existiría el riesgo de ir en retroceso y caminar rumbo a una plutocracia.

En tal virtud, se trata de construir ciudadanía y las instituciones necesarias para resolver sus causas, para fortalecer a nuestra joven democracia, profundizar su contenido y ser capaces de ampliar los reducidos alcances de la actual organización política.

Son los legisladores federales quienes tienen la responsabilidad histórica de cumplir con el mandato que les otorgó la ciudadanía y pronunciarse al respecto, porque una cosa es incuestionable: México merece tener un sistema político del siglo XXI con el objetivo de que exista una eficaz gobernabilidad democrática.

Pd: el presente artículo fue publicado para Gurú Político // SinEmbargo.Mx y que puede ser visto aquí.

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3 comentarios:

esther juarez mejia dijo...

Suena muy bonito esto de la famosa reforma politica desde el entonces presiendente Venustiano Carranza, donde se incluywron muchas de las demandas sociales que el pais necesitab pero la preguta es ¿Se ha cumplido la demanda social, fuera del papel?, fuera del presidente Lazaro Cardenas lo dudo bastante.
En cuanto a layoria de las camaras mas bien desde mi punto de vista deberiampos eliminar elementos desde diputados hasta senadores, ya que en muchisimas ocasiones ellos lo unico que hacen es trabajar en favor de ciertos intereses particulareso de partido, en cuanto a lo delos candidatos independientes podria decir que seria una buena opcion delimitando prudentemente el numero de candidatos independientes con un trabajo comprobable detry sinceramente carecemos de candidatos de si en pro del pais, actualmete no existen carecemos de gente en los partidos que realmente cumplan sus compromisos, somos un pais que va a la deriva, pero no nos podemos quedar sentados tenemos que ver con que podemos reconstruirnos, las iniciativas de ley ciudadanas serian como escuchar hasta cierto punto el sentir de la población de como podemos ayudarnos en fin, tenemos que trabajar de fondo y no solo de forma.
Esther Juárez Mejía.
sua

verovero dijo...

Es claro que no tenemos políticos a la altura de las circunstancias y el nivel de retos que enfrentamos.....mientras el debate gire en torno a más o menos fuerza para el Estado, y no en la creación de organismos autónomos que puedan impartir verdadera justicia creo que seguimos perdidos....

Anónimo dijo...

El indignado

¿Qué tipo de ciudadano estaría en su propuesta?

No sería suficiente que se formará un ciudadano desde el poder, es decir, un ciudadano que conozca sus derechos, obligaciones, deberes, quehaceres -políticos-, que tenga conocimientos básicos de geografía, sociología, derecho constitucional, derecho penal, derecho civil, derecho electoral, y teoría del proceso donde los derechos humanos fueran la guía.

No vamos a hablar de cultura cívica o civismo como lo aprendimos algunos en la primaria, sino de establecer centros de asesoría política y jurídica.

Donde entre otros se les explicará qué es el ciudadano, cuando se es ciudadano, el ppor qué de la ciudadania, que nos hace mexicanos, que derechos tenemos y por qué los tenemos, que hacer en caso de vulneración de derechos, qué hacer en caso de querer acceder a algún derecho, cómo participar en las consultas ciudadanas, etcétera.

Pues resulta insultante que después de lo de "las ladies de polanco" - que no son ni lo uno ni lo otro- y después de conocerse que sólo fueron acreedoras a mil setencientos pesos mexicanos de multa, rápidamente se plantea una reforma al código penal para que dicha conducta sea castigada con prisión. ¡Que indignante!

Es indignante ese tipo de propuestas, pues dejan claro que si el mexicano promedio trata de ejercer algún derecho -se supone que sabemos toda la normatividad y el sistema jurídico, ¿no?- en su aspecto negativo, debemos ir a prisión es decir se criminaliza el ejercicio de un derecho por más negativo que parezca sigue siendo un derecho.

Me gustaria saber que polícia judicial ha resarcido el daño a los indiciados con las tremendas golpizas que les propinan en aras de "que cooperen con la investigación".

Es indignante, bastante indignante, ya lo veía Venustiano Carranza con en la exposición de motivos de la reforma de 1917 y la creación del MP para controlar a los Juecez.

Es indignante, deberían suspender el sistema penitenciario ante tanta ineptitud por parte de los integrantes del sistema de impartición de justicia penal en México.

Seguro estoy que del cien porciento un ochenta porciento dejaría de incidir en conductas penadas.